• José Angel Pernett C.

¿Están mis criaturas entrenadas para luchar contra la adversidad?

El “Año sin Verano”, Frankenstein y 2020

Sin duda el Covid impuso el “aislamiento social” y con ello el cierre de las escuelas. Que las cosas no vayan a continuar como hasta ahora han sido, es una expectativa universal; pero que las cosas podrían seguir como hasta ahora han venido siendo, también es una posibilidad.

Revisando fuentes acerca del tan insistente Aislamiento Social, hoy conocido también como Aislamiento Inteligente, me encontré con esta historia que tiene tanto de singular como de ejemplar. Ocurrió en 1816, año en que por el intenso y prolongado frio en Europa y otras partes del planeta, se le conoció como el “año sin verano”.

El 5 y 10 de abril de 1815 el volcán Tambora situado en Sumbawa, Indonesia, arrojó una fumarola de polvo y cenizas que en tan solo 24 horas se contaron 20 mil personas fallecidas por las coladas piroplásticas y en menos de un mes, 75 mil más por enfermedades y hambre. Cincuenta y cinco toneladas de dióxido de azufre ascendieron más allá de 32 kilómetros en la atmósfera, dieron la vuelta a la tierra en menos de dos semanas y con tan solo dos meses ya estaban estacionadas en el Polo Norte y el Polo Sur. Así que en el año 1816 el planeta estaba cubierto por una capa invisible de cenizas que reflejó la luz solar, enfrió las temperaturas, causó estragos climáticos y por ello nació el “Año sin Verano”.

Ese “verano” europeo de 1816 aisló a las familias, las obligó a encerrarse para no morir congeladas, al tiempo que las calles de París, Londres y Berlín ardían con los hambrientos que suplicaban por el pan. Tres jóvenes, Mary Wollstonecraft Godwin, su amante el poeta inglés Percy Shelley y el ya famoso poeta Lord Byron, también inglés, se alojaron en una casa de invierno al sur de Ginebra. Cada noche se entretenían con un singular concurso en el que premiaban la mejor historieta de terror, miedo y misterio contada. Allí nació, con la narración de Mary, la inmortal ficción del cine y la literatura: el legendario Frankenstein. Eran comienzos del siglo 19 y la revolución tecnológica demoraría muchas décadas más.

Si el aislamiento social de 1816 significó encerramiento para no morir de frio, el de 2020 sigue siendo encerramiento pero por razones de pandemia. El aislamiento, llámese social o “inteligente”, por frio o pandemia, igual lo es también por miedo.

Foto: Yezid Arteta. Cedida por el autor para EduGes Prospectiva

El miedo hace contar historias e incluso, hace temer a los que por lo general no le temen a nada en la calle; esos a los que en forma despectiva o por llamarlos de cualquier manera se les conoce como Habitantes de Calle. Llevan años en andenes y bajo los puentes; esos también le tienen miedo a la peste. Con cartones que llevan el logotipo de una multinacional, levantan una especie de habitación que los aísla de los que salen a abastecerse, ya sea comprando mercaderías o exigiendo la misericordia del Estado que no llega. Solo abandona el cambuche para buscar alimento en las bolsas negras de basura, mientras lleva la boca y las narices cubiertas con una mascarilla sucia [1].

Después de muchos años vuelven a sentir el miedo; miedo a las gentes. Tal vez por primera vez siguen al miedo y sus señales y como cualquier persona también aprenden sus lecciones.

Mientras tanto, la escuela sigue cerrada y encerrada pero tratando de adaptarse a las nuevas condiciones, aunque paradójicamente, aprisionando con más deberes y más tareas a sus estudiantes. Lógicamente esta circunstancia hace temer a los escolares, también a sus maestros, pero más a padres y madres que no saben qué hacer más allá de lo que aprendieron cuando estudiaron. Conmovidos y con la impotencia en sus pensamientos, tratan de responder una pregunta que jamás había pasado por sus cabezas: "¿Están mis criaturas entrenadas para luchar contra la adversidad?"

El Covid 19 no se compadece ni siquiera de los aprendizajes; también los ataca y las consecuencias la padecen los más vulnerables. En tan solo dos meses y medio de confinamiento existe un déficit de aprendizajes, sobre todo en aquellos hogares donde la infraestructura tecnológica y la conectividad es precaria. Allí los aprendizajes van en dependencia de los recursos tecnológicos que se posean familiarmente. Quienes pueden acceder a la internet seguramente estarán ganando en aprendizajes de contenidos, pero hay 154 millones de estudiantes latinoamericanos y caribeños en condiciones de desigualdad (UNESCO) que empezaron a perder lo que ya habían ganado cuando la escuela estaba abierta; y lo peor, sin la mínima posibilidad de acceder a nuevos contenidos.

Son tiempos muy difíciles que exigen medidas temporales extraordinarias, dice con mucho acierto Victoria Nugen Investigadora del BID.

Pongámonos a pensar en lo siguiente: ¿no será esta la oportunidad para que la escuela se concentre más en la formación de actitudes? Si no es este el momento, ¿cuando podría ser ese momento?

No obstante, pienso que para el HOY y para ganarle a la adversidad, lo preponderante no deben ser los contenidos disciplinares, sino el cómo sobrellevar las nuevas emociones, el cómo incidir en el aspecto socio-afectivo y el cómo formar en las nuevas actitudes de niños, niñas, jóvenes, como también de los adultos que habiendo decidido regresar a la escuela, ya para continuar, ya para terminar sus estudios, ven como se frustran esas expectativas.

Frente a la adversidad

Si la escuela cerrada, pero abierta desde cada hogar, y con ella sus maestros y maestras se proponen atender con convicción la dimensión de las actitudes, con seguridad ayudarán a mitigar los efectos no solo emocionales que produce el estar aislado de sus compañeros de estudio, de sus maestros, y del stress ocasionado por la carencia de un apoyo completo de padres y madres que el  día a día los obliga a solucionar las necesidades básicas después de haber perdido sus fuentes de ingreso.

Con seguridad, hacerlo abonará un camino que lo capacitará para resistir a la adversidad del momento y desde luego, para emprender un camino de incertidumbres, una vez aparezca la vacuna y se abran nuevamente las escuelas.

Establecer un marco respecto de las actitudes puede marcar la diferencia, porque ayuda a construir la base del aprendizaje para la adversidad y para toda la vida; construiría además, la base de experiencias acerca del trabajo colaborativo además de la escuela, en el hogar, en la comunidad y en los lugares de trabajo; y desarrollaría valores y virtudes de acciones participativas (Fadel, Ch. 2015)

Las actitudes, o sea la manera de como nos comportamos y nos involucramos en el mundo, para nuestro contexto deberá hacer énfasis en la “Autoconciencia o Conciencia Plena (Mindfulness), la Curiosidad, la Valentía, la Resiliencia, la Etica y el Liderazgo” [2]. En otro blog haremos explicación detallada de cada una de estas actitudes, argumentando además, su pertinencia en el contexto.

No podemos negar que los procesos escolares apoyados por la tecnología profundizan el conocimiento y permiten un mayor acceso a la información, lo cual es fácilmente calificable y con cierta pertinencia evaluable, pero aun no está del todo claro cómo podrá evaluarse y calificarse los aspectos actitudinales y socio-afectivos de los estudiantes desde la no presencialidad y apoyados por tecnologías digitales. No me refiero a las actitudes o aspectos socio-afectivos con relación a campos de la tecnología, sino con relación a dimensiones del Ser. La pregunta es, ¿Podrá la escuela cerrada o abierta hacerlo desde la no presencialidad en las escuelas?

Mi respuesta es que  se puede. En Colombia está ocurriendo una explosión de estrategias de flexibilización curricular que buscan que sus estudiantes puedan continuar el proceso desde los hogares fortaleciendo este “como un ambiente de aprendizaje intencionado, de coresponsabilidad, autonomía y cuidado, enriquecido por diversas mediaciones pedagógicas propuestas y orientadas desde la escuela y apoyadas por el ecosistema distrital de aliados"[3]. En la misma fuente se señala lo que no es la estrategia de Aprender en Casa:

“¿Qué NO es Aprender en Casa?

· Un proceso de educación virtual o de virtualización del colegio.

· Un modelo de educación en casa “Home school”.

· Un micrositio con un repositorio de contenidos”.

Sin embargo y pese a mi entendimiento, lo que está sucediendo es contrario a esa advertencia.

[1] Arteta, Yezid, De la sociedad del despilfarro a la sociedad del pánico, El Comején, 15 de abril de 2020

[2] Fadel, Charles; Bialik, Maya; Trilling, Bernie. Four-Dimensional Education:

The Competencies Learners Need to Succeed, Traducido al español por el Centro de Innovación en Educación de Fundación Chile, 2016

[3] Redacadémica.edu.co, Bogota, Abril de 2020

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